Diario Azucarado

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Depresión, mi compañera de viajes

Aunque es complicado hablar de esto me va quitar un peso de encima. Describirte mis sentimientos, mis ideas, siempre ha sido fácil porque en mi soledad, delante de la pantalla o el papel, es algo que puedo vomitar sin interrupciones y con la música que me acompaña siempre. Tengo depresión, diagnosticado y a falta de que me atienda un especialista. Vamos que estoy en lista de espera para un psicólogo. No me han dado medicación porque una vez noté, que lo describiré más adelante, decidí poner remedio e intentar que no me dieran medicación. 

Si me conoces.

Si me conoces, personalmente, te sorprenderá. Sí, y es que no he hablado con nadie sobre esto, hasta ayer. Por eso prefiero decirlo aquí porque cómo dije a mi amiga, no quiero que se lleven la imagen de victima o llamada a atención.

Así que si piensas así, te invito no seguir. Mi intención es desahogarme de todo lo que me esta impidiendo respirar, hablar de lo que me ocurre por si puede servir a otras personas o simplemente, por necesidad de escribir lo que siento. Al final trata de eso, sentir.

¿Qué pasó?

Hace dos viernes desperté muy triste. Suele pasarme alguna vez porque todo hay que decirlo, mi familia esta en Canarias y yo estoy en Zaragoza, tengo mi propia familia y mis planes ya aquí. Esto me entristece bastante y es que mi familia siempre ha sido muy unida acudiendo siempre juntos, hasta el año 2005 que vine a Zaragoza. También hace dos años que murió mi abuela y aunque su perdida fue enorme, más fue el que no pudiese ir a su funeral y despedirme en condiciones. Luego, es un tema más delicado aún que pude hablar con mi amiga y muchas personas conocen, algo que me ocurrió en el 98 y que con el tiempo me hizo venir a Zaragoza. ¿Huir? Por un lado lo pensé, pero también fueron muchos motivos que me condujeron tomar la decisión de venir a Zaragoza.

Esto es un tema que prefiero no hablar por aquí, pero citarlo es importante porque ya ayer mismo me di cuenta que no era «moco de pavo» y que sigue presente en mi día a día.

Volviendo, lo que ocurrió para que fuese al médico, me desperté llorando y con la intención de que mi hijo de 5 años no se diera cuenta, me refugié en el baño. Decidí, después de llevarle al colegio, dar un paseo, que necesitaba ponerme urgente en manos de un profesional. Ni me molesté en hacerme listas de «cosas buenas/malas» ni llamar a nadie porque esto no era la primera vez que me ocurría y quería, cómo dice el refrán, «cortar por las raíces» y fui a mi medico de cabecera.

Salvo el jueves y el viernes, me he levantado de la misma forma, cómo si el mundo se alejara de mi lentamente y aun velocidad de vértigo. Tengo cambios de humor, más sensible de lo habitual, no veo salir objetivos por ningún lado que pueda terminar y mi entusiasmo esta por los suelos. Siempre he sido muy propenso ayudar a los demás, pero ahora huyo de esos momentos. En el terreno laboral, pues sigo cosechando y no quiero tirar cohetes. En fin, que tengo mis complicaciones igual que todo hijo de vecino. Pero he sido un idiota. Sí, cómo lo lees, un imbécil que no ha sabido gestionar lo que se le viene encima. Que no sabe parar a las personas que vienen por interés y que la decepción viene dando pasos por dentro y en silencio.

El caso es que mi cuerpo y mente ya pasan factura y que en cuanto salud, no estoy bien. La diabetes, por ejemplo, es la más afectada porque aún comiendo lo que me recomienda el endocrino, los resultados de la glucemia empiezan a parecerse al recorrido de una montaña rusa.

¿Solución? Pues cómo dice mi amiga, conocerme. Por supuesto que por algún lado debo de empezar y conocerme es lo primero. He dejado pasar tantas veces estos momentos de tristeza en muchos momentos de mi vida, que no quiero pasarlos más. Estoy cansado de pensar que «es una temporada» Esta claro que no va ser así, que hay que cortar por las raíces. Así que, hay que aprender conocerse. Tengo que aprender de mis miedos, conocerlos y luchar que no den los primeros pasos para echarme atrás de nuevo y recaer. Recaer no me lo puedo permitir, así que lucho y el primer movimiento, metafóricamente hablando, hará que esta partida de ajedrez la gane yo.

Ser más directo, no tener miedo en decir no, ser más respetuoso conmigo mismo y tal vez, sólo tal vez, quitarme toda esas personas tóxicas. Digo tal vez porque en muchas ocasiones no te das cuenta hasta pasado el tiempo.

Bueno, he vomitado todo esto y ahora tocará luchar, levantarme todos los días y sonreír para que otros no caigan. 
Por eso, iré hablando un poco de mi en algunos post. Que hace unos minutos dije que iba a dejar el podcast, pero como dice un gran amigo, si te gusta, ¿Por qué?

Supongo que habrá final, que todo llega y que en algún momento me sentiré mejor.

Siento dejar esto así, pero sé que tú, que me lees, has pasado por algo parecido y que te rodeas de personas que creen que no es sino algo que has creado tú para ser victima o llamar la atención. No, no pienses eso. Busca alguien que si te oiga, que si incluso ha pasado por esto te cuente y sobretodo, cree en ti. No dejes pasar esto cómo si fuese «una temporada» porque no lo es. Sobretodo, no ocultes nada.

Seguiré siendo el mismo, pero sobretodo, seguiré siendo una persona más…

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